El carácter seco y punzante de un fino limpia la untuosidad del aceite y habla en voz alta con gambas, boquerones en vinagre o pan con tomate. Sirve bien frío, en copas pequeñas, y observa cómo se alargan los sabores más delicados, hasta el último suspiro mineral.
Hierbas, naranja y hielo convierten el vermut en compañero de patatas bravas y aceitunas aliñadas. Su amargor dulce abraza el picante sin pelear. Ajusta la rodaja de cítrico, una aceituna pinchada y disfruta de tragos pausados que invitan a otra ronda, charla y sonrisa.
Una lager ligera limpia frituras y sal, mientras una sidra natural, servida alta, corta grasas del chorizo a la sidra o del queso curado si aparece en la mesa. Mantén temperatura fría, vasos listos y ritmo amable, sin prisas innecesarias ni formalidades rígidas que enfríen.